determinación por la existencia, el Dasein es “ontológico” en sí mismo. Ahora bien, al Dasein le pertenece con igual originariedad — como constitutivo de la comprensión de la existencia — una comprensión del ser de todo ente que no tiene el modo de ser del Dasein. Por consiguiente, el Dasein tiene una tercera primacía: la de ser la condición de posibilidad óntico‐ontológica de todas las ontologías. El Dasein se ha revelado, pues, como aquello que, desde un punto de vista ontológico, debe ser interrogado con prioridad a todo otro ente.

Pero, a su vez, la analítica existencial tiene, en última instancia, raíces existentivas, e.d. ónticas. Únicamente cuando el cuestionar de la investigación filosófica es asumido existentivamente como posibilidad de ser del Dasein existente, se da la posibilidad de una apertura de la existencialidad de la existencia, y con ello la posibilidad de abordar una problemática ontológica suficientemente (14) fundada. Pero con esto se ha aclarado también la primacía óntica de la pregunta por el ser.

La primacía óntico‐ontológica del Dasein fue vista tempranamente, pero sin que el Dasein mismo fuese aprehendido en su genuina estructura ontológica o se convirtiese, al menos, en problema desde este punto de vista. Aristóteles dice: ἡ ψυχὴ τὰ ὄντα πώς ἑστιν1. El alma (del hombre) es en cierto modo los entes; el “alma”, que es constitutiva del ser del hombre, descubre, en las maneras de ser de la αἴσθησις y la νόησις todo ente en lo que respecta al hecho de que es y a su ser‐así, es decir, lo descubre siempre en su ser. Esta frase, que remite a la tesis ontológica de Parménides, fue recogida por Tomás de Aquino, en una discusión característica. Dentro del problema de la deducción de los “trascendentales”, e.d. de los caracteres de ser que están más allá de toda posible determinación quiditativo‐genérica de un ente, de todo modus specialis entis, y que convienen necesariamente a todo “algo”, sea éste el que fuere, es necesario que se demuestre también que el verum es un transcendens de este tipo. Esto acontece mediante el recurso a un ente que por su modo mismo de ser tiene la propiedad de “convenir”, e.d. de concordar, con cualquier clase de ente. Este ente privilegiado, el ens, quod natum est convenire cum omni ente, es el alma (anima)1. La primacía del “Dasein” sobre todo otro ente, que aquí aparece pero que no queda ontológicamente aclarada, no tiene evidentemente nada en común con una mala subjetivización del todo del ente.

La demostración de la peculiaridad óntico‐ontológica de la pregunta por el ser se funda en la indicación provisional de la primacía óntico‐ontológica del Dasein. Pero el análisis de la estructura de la pregunta por el ser en cuanto tal pregunta (§ 2) nos permitió descubrir una función privilegiada de este ente dentro del planteamiento mismo de la pregunta. El Dasein se reveló allí como aquel ente que



1 De anima Γ 8, 431 b 21; Cf, ibid. 5, 430 a 14 ss.

1 Quaestiones de veritate, qu. I a. 1 c, cf. la “deducción”, en cierto modo más rigurosa de los trascendentales, parcialmente divergente de la aquí citada, en el opúsculo De natura generis.


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Martin Heidegger (GA 2) Ser y Tiempo (Jorge Eduardo Rivera C)