esencial del concepto de ser de la (25) antigüedad. El aparente nuevo comienzo del filosofar se revela como el injerto de un prejuicio fatal en virtud del cual la época inmediatamente posterior habría de omitir la elaboración de una analítica ontológica temática del “ánimo”, hecha al hilo de la pregunta por el ser, y entendida como una confrontación crítica con la ontología legada por la antigüedad.

Que Descartes “depende” de la escolástica medieval y emplea su terminología, lo ve cualquier conocedor de la Edad Media. Pero con este “descubrimiento” no se ha ganado filosóficamente nada mientras quede oscuro el fundamental alcance que tiene para la época siguiente esta influencia de la ontología medieval en la determinación o no determinación ontológica de la res cogitans. Este alcance sólo será ponderable una vez que se hayan mostrado el sentido y los límites de la ontología antigua desde la perspectiva de la pregunta por el ser. En otras palabras, la destrucción se ve enfrentada a la tarea de la interpretación de las basesxxxvi de la ontología antigua a la luz de la problemática de la temporariedad. Pero entonces se nos hace manifiesto que la interpretación antigua del ser del ente está orientada por el “mundo” o, si se quiere, por la “naturaleza” en el sentido más amplio de esta palabra, y que, de hecho, en ella la comprensión del ser se alcanza a partir del “tiempo”. La prueba extrínseca de ello —aunque por cierto sólo extrínseca— es la determinación del sentido del ser como παρουσία o como οὐσία con la significación ontológico‐temporaria de “presencia”. El ente es aprehendido en su ser como “presencia” e.d. queda comprendido por referencia a un determinado modo del tiempo —el “presente”.

La problemática de la ontología griega, como la de cualquier otra ontología, debe tomar su hilo conductor en el Dasein mismo. El Dasein, es decir, el ser del hombre, queda determinado en la “definición” vulgar, al igual que en la filosófica, como ζῷον λόγον ἔχον, como el viviente cuyo ser está esencialmente determinado por la capacidad de hablar. El λἑγειν (cf. § 7, B) es el hilo conductor para alcanzar las estructuras de ser del ente que comparece cuando en nuestro hablar nos referimos a algo [Ansprechen] o decimos algo de ello [Besprechen]. Por eso, la ontología antigua, que toma forma en Platón, se convierte en “dialéctica”. Con el progreso de la elaboración del hilo conductor ontológico mismo, e.d. de la “hermenéutica” del λόγος, crece la posibilidad de una comprensión más radical del problema del ser. La “dialéctica”, que era una auténtica perplejidad filosófica, se torna superflua. Por esto (Aristóteles) “no tenía ya comprensión” para ella [e.d no la aceptaba] justamente porque, al ponerla sobre un fundamento más radical, la había superado. El λἑγειν mismo y, correlativamente, el νοεῖν —e.d. la aprehensión simple de lo que está‐ahí en su puro estar‐ahí, que ya había sido tomada por Parménides como guía para la interpretación del ser— tiene la estructura (26) temporaria de la pura “presentación” de algoxxxvii. El ente que se muestra en y para ella, y es entendido como


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Martin Heidegger (GA 2) Ser y Tiempo (Jorge Eduardo Rivera C)