verla en absoluto. Sin embargo, no se debe confundir esta forma de considerar al “Dasein” como algo que está‐ahí y que no hace más que estar‐ahí, con una manera de “estar‐ahí” que es exclusivamente propia del Dasein. Esta manera de estar‐ahí no se hace accesible prescindiendo de las estructuras específicas del Dasein, sino sólo en la previa (56) comprensión de ellas. El Dasein comprende su ser más propio como un cierto “estar‐ahí de hecho”1. Y sin embargo, el “carácter fáctico” del hecho del propio existir [Dasein] es, desde el punto de vista ontológico, radicalmente diferente del estar presente fáctico de una especie mineral. El carácter fáctico del factum Dasein, que es la forma que cobra cada vez todo Dasein, es lo que llamamos facticidad del Dasein. La complicada estructura de esta determinación de ser sólo es captable, incluso como problema, a la luz de las estructuras existenciales fundamentales del Dasein que ya han sido puestas de relieve. El concepto de facticidad implica: el estar‐en‐el‐mundo de un ente “intramundano”, en forma tal que este ente se pueda comprender como ligado en su “destino” al ser del ente que comparece para él dentro de su propio mundo.
Nos limitaremos, por ahora, a hacer ver la diferencia ontológica entre el estar‐en como existencial y el “estar‐dentro‐de” de un ente que está‐ahí, en tanto que categoría. Cuando delimitamos así el estar‐en, con ello no le estamos negando al Dasein toda suerte de “espacialidad”. Por el contrario: el Dasein tiene, él mismo, su propia manera de “estar‐en‐el‐espacio”, la cual, sin embargo, sólo es posible, por su parte, sobre la base del estar‐en‐el‐mundo en cuanto tal. El estar‐en tampoco puede, por consiguiente, ser ontológicamente aclarado mediante una caracterización óntica, de modo que se pudiera decir, por ejemplo: el estar‐en un mundo es una propiedad espiritual, y la “espacialidad” del hombre es un modo de ser derivado de su corporalidad [Leiblichkeit], la que a su vez está siempre “fundada” en la corporeidad física [Körperlichkeit]. Al decir esto, volvemos a encontrar un estar‐ahíjuntas de una cosa espiritual así constituida y de una cosa corpórea; con lo que el ser mismo del ente así compuesto viene a quedar enteramente oscuro. Sólo la comprensión del estar‐en‐el‐mundo como estructura esencial del Dasein hace posible la intelección de la espacialidad existencial del Dasein. Esta intelección nos libra de la ceguera respecto de esta estructura, o de eliminarla de antemano, una eliminación que no está motivada ontológicamente, aunque sí “metafísicamente”, en la ingenua opinión de que el hombre es en primer lugar una cosa espiritual, que luego queda confinada “a” un espacio [“in” einen Raum].
En virtud de su facticidad, el estar‐en‐el‐mundo del Dasein ya se ha dispersado y hasta fragmentado cada vez en determinadas formas del estar‐en. La multiplicidad de estas formas puede ponerse de manifiesto, a modo de ejemplo, mediante la siguiente enumeración: habérselas con algo, producir, cultivar y cuidar,
1 Cf. § 29.
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