manera que la estructura misma del signo nos dé un hilo conductor ontológico para una “caracterización” de todo ente en general.
Pues bien, los signos son, en primer lugar, útiles, y su específico carácter pragmático consiste en señalar. Son signos en este sentido los hitos de los caminos, las piedras limítrofes en los campos, el globo anunciador del mal tiempo para la navegación, las señalizaciones, las banderas, los signos de duelo, etc. El señalar puede determinarse como una “especie” de remisión. Remitir, tomado en un sentido formalísimo, es relacionar. Pero la relación no funciona como género para distintas “especies” de remisión, tales como signo, símbolo, expresión, significación. La relación es una determinación formal que por vía de “formalización” es directamente hallable en todo género de conexiones, cualquiera sea su contenido quiditativo y su manera de ser1.
Toda remisión es una relación, pero no toda relación es una remisión. Toda “señalización” [“Zeigung”] es una remisión, pero no todo remitir es un señalar. Ello implica, a la vez, que toda “señalización” es una relación, pero no todo relacionar es un señalar. De esta manera se manifiesta el carácter universal‐formal de la relación. Para la investigación de los fenómenos de la remisión, del signo y, con mayor razón, de la significación, no se gana nada caracterizándolos como relación1. En definitiva deberá mostrarse incluso que la “relación” misma, a causa de su carácter universal‐formal, tiene su origen ontológico en una remisión.
Si bien es cierto que el presente análisis se limita a la interpretación del signo, a diferencia del fenómeno de la remisión, sin embargo, ni siquiera dentro de estos (78) límites, se podrá investigar adecuadamente toda la variedad de los signos posibles. Entre los signos están los indicios, los presagios, las trazas, las marcas, los signos distintivos; su señalización es en cada caso diferente, con absoluta prescindencia de lo que cada vez sirve como signo. De estos “signos” hay que distinguir la huella, el vestigio, el monumento, el documento, el testimonio, el símbolo, la expresión, la manifestación, la significación. Estos fenómenos se dejan formalizar fácilmente en virtud de su carácter formal de relación; hoy día nos inclinamos con especial facilidad a someter a todo ente a una “interpretación” al hilo de semejante “relación”, la cual siempre “está bien”, porque en el fondo no dice nada, tan poco como el fácilmente manejable esquema de forma y contenido.
Como ejemplo escogeremos un signo que en un análisis posterior nos servirá también de modelo desde otro punto de vista. Últimamente se ha provisto a los automóviles de una flecha roja giratoria cuya posición indica, cada vez, por ejemplo en un cruce, qué camino va a tomar el coche. La posición de la flecha es regulada
1 Cf. E. Husserl, Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomelogischen Philosophie, 1ª Parte del Primer Volumen de este Jahrbuch; § 10 ss.; también ya en las Logische Untersuchungen, tomo I, cap. 11. Para el análisis del signo y la significación, ibid. tomo II, 1ª investigación.
1 Fundamental para comprobar la posibilidad de lo pretendido por la logística.
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