estar al descubierto. ¿Y será acaso un azar el hecho de que en uno de los fragmentos de Heráclito1 —los documentos filosóficos más antiguos que tratan explícitamente del λόγος— trasluzca el fenómeno de la verdad recién expuesto, es decir, la verdad en el sentido del estar al descubierto (no‐ocultación)? Al λόγος y a aquel que lo dice y comprende, Heráclito contrapone los que carecen de comprensión. El λόγος es φράζων ὅκως ἔχει, dice cómo se comporta el ente. En cambio, para los que no comprenden, queda oculto, λανθάνει, lo que hacen; ἐπιλανθάνονται, ellos olvidan, es decir, vuelve a hundírseles en el oculta‐miento. Por consiguiente, al λόγος le es inherente la no‐ocultación, la ἀ‐λήθεια. La traducción de este vocablo por la palabra “verdad” y, sobre todo, las determinaciones conceptuales teoréticas de esta expresión, encubren el sentido de la comprensión prefilosófica que subyacía para los griegos “como cosa obvia” en el uso del término ἀλήθεια.

(220) El recurso a este tipo de pruebas documentales deberá cuidarse de no caer en una desenfrenada mística de la palabra; sin embargo, forma parte, en definitiva, del quehacer de la filosofía preservar la fuerza de las más elementales palabras en que se expresa el Dasein, impidiendo su nivelación por el entendimiento común a un plano de incomprensibilidad, que a su vez opera como fuente de pseudoproblemas. Lo que anteriormente2, en una interpretación en cierto modo dogmática, se expuso acerca del λόγος y la ἀλήθεια, ha recibido ahora su justificación fenoménica.

La “definición” de la verdad que hemos propuesto no es un repudioclxx de la tradición, sino su apropiación originaria, y lo será más claramente aun si se logra demostrar que y cómo la teoría filosófica tenía que llegar a la idea de la concordancia en virtud del fenómeno originario de la verdad.

La “definición” de la verdad como un estar al descubierto y ser‐descubridor tampoco es la mera aclaración de una palabra, sino que surge del análisis de aquellos comportamientos del Dasein que solemos llamar en primera instancia “verdaderos”.

Ser‐verdadero, en tanto que ser‐descubridor, es una forma de ser del Dasein. Aquello que hace posible este descubrir mismo necesariamente deberá ser llamado “verdadero” en un sentido más originario. Los fundamentos ontológico‐existenciales del descubrir mismo ponen por primera vez ante la vista el fenómeno más originario de la verdad.

Descubrir es una forma de ser del estar‐en‐el‐mundo. La ocupación circunspectiva y la que se queda simplemente observando, descubren los entes intramundanos. Éstos llegan a ser lo descubierto. Son “verdaderos” en un segundo sentido. Primariamente “verdadero”, es decir, descubridor, es el Dasein. Verdad, en sentido



1 Cf. Diels, Fragmente der Vorsokratiker, Heráclito, fragm. 1. Z

2 Cf. p. 55 ss.


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Martin Heidegger (GA 2) Ser y Tiempo (Jorge Eduardo Rivera C)