derivado, no quiere decir ser‐descubridor (descubrimiento), sino ser‐descubierto (estar al descubierto).

El análisis de la mundaneidad del mundo y del ente intramundano que se hizo más arriba ha mostrado, sin embargo, lo siguiente: el estar al descubierto del ente intramundano se funda en la aperturidad del mundo. Ahora bien, la aperturidad es el modo fundamental como el Dasein es su Ahí. La aperturidad está constituida por la disposición afectiva, el comprender y el discurso, y concierne cooriginariamente al mundo, al estar‐en y al sí‐mismo. La estructura del cuidado como anticiparse‐a‐sí —estando ya en un mundo— en medio del ente intramundano, implica la aperturidad del Dasein. El estar al descubierto tiene lugar con ella y por ella; por consiguiente, sólo con la aperturidad del Dasein se ha alcanzado el fenómeno más originario de la verdad. Lo mostrado más arriba (221) respecto de la constitución existencial del Ahí1 y en relación al ser cotidiano del Ahí2 no se refería sino al fenómeno más originario de la verdad. En tanto que el Dasein es esencialmente su aperturidad, y que, por estar abierto, abre y descubre, es también esencialmente “verdadero”. El Dasein es “en la verdad”. Este enunciado tiene un sentido ontológico. No pretende decir que el Dasein esté siempre, o siquiera alguna vez, ónticamente iniciado “en toda la verdad”, sino que afirma que a su constitución existencial le pertenece la aperturidad de su ser más propio.

Recogiendo lo que ya hemos alcanzado, se puede formular el sentido existencial plenario de la proposición “el Dasein es en la verdad” por medio de las siguientes precisiones:

1. A la constitución de ser del Dasein le pertenece esencialmente la aperturidad en general. Ésta abarca el todo de aquella estructura de ser que ha sido explicitada por medio del fenómeno del cuidado. Al cuidado le pertenece no sólo el estar-en‐el‐mundo, sino también el estar en medio de los entes intramundanos. Cooriginario con el ser del Dasein y su aperturidad es el estar al descubierto de los entes intramundanos.

2. A la constitución de ser del Dasein le pertenece, como constitutivum de su aperturidad, la condición de arrojado. En esta última se revela que el Dasein, en cuanto mío y en cuanto éste [concretísimo], ya está cada vez en un determinado mundo y en medio de un determinado círculo de determinados entes intramundanos. La aperturidad es esencialmente fáctica.

3. A la constitución de ser del Dasein le pertenece el proyecto: el aperiente estar vuelto hacia su poder ser. El Dasein, en cuanto comprensor, puede comprenderse desde “el mundo” y los otros, o desde su más propio poder‐ser. Esta última posibilidad implica que el Dasein se abre para sí mismo en y como el más propio



1 Cf. p. 158 ss.

2 Cf. p. 189 ss.


/219/


Martin Heidegger (GA 2) Ser y Tiempo (Jorge Eduardo Rivera C)