de característico en el ser‐verdadero del λόγος; el λόγος es el comportamiento que puede también encubrir. Y como Aristóteles nunca sostuvo dicha tesis, tampoco pudo hallarse en condición de “extender” el concepto de verdad desde el λόγος hacia el puro νοεῖν. La “verdad” de αἴσθησις y de la visión de las “ideas” es el descubrimiento originario. Y tan sólo porque la νόησις descubre de una manera primaria, también el λόγος puede tener, en cuanto διανοεῖν, una función descubridora.

injustificadamente a Aristóteles, sino que, por su contenido, significa además un desconocimiento de la estructura de la verdad. El enunciado no sólo no es el “lugar” primario de la verdad, sino que, al revés, en cuanto modo de apropiación del estar al descubierto y en cuanto forma de estar‐en‐el‐mundo, el enunciado se funda en el descubrir mismo o, lo que es igual, en la aperturidad del Dasein. La “verdad” más originaria es el “lugar” del enunciado y la condición ontológica de posibilidad para que los enunciados puedan ser verdaderos o falsos (descubridores o encubridores).

La verdad, entendida en su sentido más originario, pertenece a la constitución fundamental del Dasein. El término verdad designa un existencial. Pero con esto queda ya bosquejada la respuesta a la pregunta por el modo de ser de la verdad y por el sentido que tiene la necesidad de presuponer que “hay verdad”.



c) El modo de ser de la verdad y la presuposición de la verdad


El Dasein, en cuanto constituido por la aperturidad, está esencialmente en la verdad. La aperturidad es un modo de ser esencial del Dasein. “Hay” verdad sólo en cuanto y mientras el Dasein es. El ente sólo queda descubierto cuando y patentizado mientras el Dasein es. Las leyes de Newton, el principio de contradicción y, en general, toda verdad, sólo son verdaderos mientras el Dasein es. Antes que hubiera algún Dasein y después que ya no haya ningún Dasein, no había ni habrá ninguna verdad, porque en ese caso la verdad, en cuanto aperturidad, descubrimiento y estar al descubierto, no puede ser. Antes que las leyes de Newton fueran descubiertas, no eran “verdaderas”; de lo cual no se sigue que fueran falsas, ni mucho menos que se volverían falsas si ya no fuera ónticamente posible ningún estar al descubierto. Esta “restricción” tampoco implica una disminución del (227) ser‐verdadero de las “verdades”.

Que las leyes de Newton no eran antes de él ni verdaderas ni falsas, no puede significar que el ente que ellas muestran en su descubrir no haya sido antes. Tales leyes llegaron a ser verdaderas por medio de Newton; en virtud de ellas, ciertos entes se hicieron accesibles en sí mismos para el Dasein. Con el estar al descubierto


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Martin Heidegger (GA 2) Ser y Tiempo (Jorge Eduardo Rivera C)